La tormenta continúa a mi alrededor y sigo sin encontrar un sitio donde refugiarme. Todo comenzó con un gran chaparrón que caló hasta mi alma, cada vez que empiezo a ver claros en el cielo cuando menos me lo espero vuelve a cerrarse, vuelve a llover. Sigo andando, pisando charcos, mis pies mojados y embarrados, cada vez pesan más. Se que si no encuentro un refugio quizás desfallezca por el camino, quizás se me acaben las fuerzas, no llegue a ningún sitio, todo el esfuerzo se pierda…
Voy pasando por delante de unos cuantos sitios, se que ahí no me mojaré pero no resultan lo suficientemente cálidos para mí. La lluvia vuelve a caer sobre mi ya mojada ropa, en este puto lugar nunca escampa lo suficiente como para poder secarme y volver a sentir el calor…
Comienzo a tener frío, pero sigo buscando algo mejor. Parece que encuentro algo. Si, parece que es lo que busco, parece abrigarme lo suficiente… Me duermo un rato. Son sueños maravillosos, nunca me sentí tan viva. Despierto. Parece que algo ha cambiado, unas goteras me están mojando la piel. Parecía un sitio seguro. Vuelve el frío. Salgo corriendo, piso los charcos cada vez más fuerte, la rabia me inunda. Me caigo. Me caigo una y otra vez. Mis manos y rodillas están magulladas. Duele.
Echaré de menos ese sitio, quizás algún día lo reparen, quizás algún día quiera volver. No me quiero ir, pero no me queda otra si pretendo volver a ver el sol algún día. Necesito un escondite mientras tanto, un escondite…necesito secarme, curar mis heridas, descansar…estar sola, desaparecer por un momento.
¿Y qué tal si me mudase a un sitio con sol? ¿Qué tal si dejase de buscar tormentas?
Quizás me gusten las tormentas
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